Actualmente, observamos problemas tales como la falta de preparación de algunos profesores en ciertas materias, siendo incapaces por tanto de educar correctamente a los alumnos. Por otra parte, el poco uso que se hace de las nuevas tecnologías en los centros educativos, es un déficit que necesita de inmediato solución, para llegar a una enseñanza como la que nos presenta Susana Pérez de Pablos en su artículo "La educación que viene", y que resulta en algunos puntos utópica.
En estos últimos años es cierto que se han producido ciertas mejoras en el campo de la educación, que nos permiten un ligero acercamiento a la Sociedad de la Información. Sin embargo, aún queda un largo camino para lograr integrarnos en ella de manera definitiva.
Planes de estudio como el polémico y conocido Plan Bolonia, sugieren mejoras educativas del tipo de la implantación del bilingüísmo o, el uso de un ordenador por alumno. En el momento actual, y debido a la crisis que atravesamos, muchos dudan que este programa educativo cumpla realmente las espectativas.Todos somos conscientes de la necesidad de mejorar la educación española, pero ciertos planteamientos resultan imposibles. Al menos por el momento.
Volviendo al artículo de la periodista Susana Pérez de Pablos, se nos presenta una educación para el nuevo siglo basada en unos contenidos educativos más prácticos, que se relacionen más con el mundo laboral, e incluso permitan trabajar en grupo para facilitar un posible futuro en distintas empresas.
Además, se nos presenta una nueva "versión" del profesorado, que estaría absolutamente preparado para guiar a los estudiantes a través de la infinidad de conocimientos que transmite internet, alejándolos del "relleno" y centrándolos en la información relevante. Nos presenta, este plan educativo, mejoras incluso físicas, ya que el alumno dejaría de soportar el angustioso peso de las mochilas sustituyendo los libros, por pendrives o por CD-Roms. Se ilusiona también con el uso de la videoconferencia y la informática avanzada.
Estos usos, según se nos indica en el artículo, permitirían una educación más individualizada.
Sin embargo, los trabajos en grupo persistirían, al igual que algunos valores tradicionales.
Se mejorarán las posibilidades de estudiar fuera y los padres estarán más involucrados en la educación de sus hijos.
En cuanto a los centros, se nos promete una mayor igualdad entre públicos y privados, añadiendo que se harán diferenciaciones a la hora de dar subvenciones, basadas en la capacidad del centro para abrirse al mundo exterior, en aspectos sociales, y en la tradicional excelencia académica.
En definitiva, se intentará ofrecer una dualidad educativa que combine innovación y tradición, y que dé lugar a profesionales más competitivos a la par que más solidarios entre sí.
En mi modesta opinión, una utopía detrás de otra que, quizá algún día, veamos realmente reflejada en nuestros sucesores.
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